Esta semana La Vanguardia entrevistó a nuestra CEO, Gina Aran. Lo que dijo merece leerse despacio.
Uno de cada tres parados en España tiene más de cincuenta años. Son 755.500 personas. Y el 45% de ellas lleva más de un año buscando trabajo sin conseguirlo. No es mala suerte. Es una decisión del sistema.
La periodista Anna Rodríguez Hurtado, de La Vanguardia, se sentó con Gina Aran —CEO de Inginium, especialista en liderazgo y gestión de personas, así como psicobiología y neurociencia cognitiva— para ponerle nombre a algo que todos intuyen pero pocas organizaciones se atreven a decir en voz alta: el edadismo no solo existe en las empresas. Está institucionalizado y normalizado.
El sesgo que nadie quiere ver
En 2024, el 57% de las contrataciones en grandes empresas fue de perfiles junior. Solo el 8%, sénior. Y sin embargo, en 2030 el 39% de la población activa española tendrá más de 55 años. Como señala Gina: «Estamos construyendo organizaciones para un mundo que ya no existe.»
Las empresas, explica, están diseñadas para contratar rápido y barato, no para contratar bien. El problema es que cuando descartas a un profesional de 55 años, descartas algo que no tiene precio de mercado: décadas de conocimiento que no está en ningún manual y que no se puede descargar de internet. «Estamos destruyendo activos que tardamos veinte años en construir, y lo llamamos ‘renovación del talento’.»
Lo que la neurociencia deja claro
Hay un malentendido de fondo sobre el rendimiento y la edad, y Gina lo desmonta con precisión: «El cerebro a los 60 no es un cerebro de 30 años deteriorado, es un cerebro diferente, optimizado para funciones distintas. Insistir en que un profesional de 60 trabaje con el mismo modelo que a los 30 es como usar un bisturí para clavar un clavo: es un error de elección de la herramienta, no que no funcione la herramienta.»
Lo que se transforma con los años no es la capacidad. Es su naturaleza: deja de ser velocidad y se convierte en criterio, en anticipación, en saber qué preguntas hay que hacer antes de ejecutar.
El activo que la IA no puede copiar
Hay un concepto que atraviesa toda la entrevista: el conocimiento tácito. Es lo que sabes hacer pero que no puedes explicar del todo. Se construye a través de errores propios y años de resiliencia. Y resulta que es exactamente lo que la inteligencia artificial no puede replicar.
«Vivimos el momento histórico en el que la experiencia es más valiosa que nunca, precisamente porque la IA está automatizando todo lo demás. La IA será cada vez más inteligente, pero solo puede aprender de quien ya sabe. Sin sénior, la IA no tiene nada que imitar.»
El coste que nadie contabiliza
Cuando una empresa pierde a su sénior más valioso, no pierde un empleado: pierde su memoria. Y una organización sin memoria está condenada a repetir sus propios errores —pagando de nuevo el mismo precio de aprendizaje que ya pagó. La cultura, los valores, la capacidad de integrarse internamente y adaptarse externamente: todo eso se desdibuja si no hay talento sénior que sostenga el paso a las nuevas incorporaciones.
¿Qué debería hacer una empresa ahora?
Empezar por no esperar a que alguien se jubile para pensar en el traspaso. La transferencia de conocimiento real no es documentación: es conversación, es acompañamiento, es hacer explícito lo que antes era implícito. Una organización que aprende a no perder lo que sabe, garantiza su futuro.
Lee la entrevista completa de Gina Aran en La Vanguardia aquí.
En Inginium trabajamos con organizaciones que quieren gestionar el talento en todas sus etapas — no solo captarlo. Si quieres explorar cómo hacerlo, hablemos.